Las historias que viven en las paredes
Una carta sobre la belleza escondida en los detalles que casi nadie mira
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| Conoces la Iglesia de San Roque en Barranquilla? |
No sé exactamente cuándo comenzó. Solo sé que desde hace muchos años me distraigo observando edificios antiguos, ventanas, balcones y detalles arquitectónicos que la mayoría de las personas parecen atravesar sin notar.
Más de una vez he estado tan concentrada mirando una fachada que he terminado chocando contra algo en el camino. No es una exageración. Es una de esas cosas que prefiero admitir antes de que alguien más la cuente.
Hace algún tiempo visité la iglesia de San Roque en Barranquilla, lo primero que llamó mi atención fue su belleza. Su estructura tiene algo solemne y antiguo, algo que la hace destacar incluso en medio del movimiento constante de la ciudad.
Pero lo que terminó cautivándome no fue el edificio. Fue su historia.
Descubrí que detrás de aquellas paredes existían epidemias, pérdidas, transformaciones, conflictos y personajes que parecían sacados de una novela. Y entonces recordé algo que siempre me ocurre.
Las cosas suelen volverse más hermosas cuando conocemos la historia que las sostiene.
Pasa con los edificios.
Pasa con las ciudades.
Y pasa también con las personas.
A veces admiramos algo únicamente por lo que vemos desde afuera. Pero cuando conocemos todo lo que tuvo que atravesar para llegar hasta aquí, la admiración se convierte en algo más profundo.
Quizá por eso también me conmueven tanto las plantas que nacen en lugares improbables. Las que crecen entre grietas. Las que aparecen en paredes de concreto. Las que encuentran una manera de seguir vivas incluso donde parece imposible. Cada vez que veo una pienso exactamente lo mismo:
La vida insiste.
Siempre encuentra una forma.
Y aunque sé que probablemente existe una explicación botánica mucho más precisa, me gusta pensar que esas plantas contienen una pequeña lección silenciosa sobre la resiliencia. Sobre la capacidad de crecer incluso cuando las condiciones no son ideales. Sobre la posibilidad de florecer donde nadie esperaba que algo pudiera florecer.
Tal vez por eso me siguen gustando los detalles. Porque muchas veces son ellos los que cuentan las historias más importantes. Las historias que no hacen ruido. Las que viven escondidas en las paredes. Las que esperan pacientemente a que alguien se detenga lo suficiente para verlas.
Con cariño,
Venus de Nilo
Banda sonora


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